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Todos vivimos en Shock

Todos vivimos en Shock

 

Quizás esta afirmación te parezca exagerada, a mi me impactó cuando la vi como título de un libro. Cuando lo leí, me impacto todavía más y me ayudó a seguir comprendiendo.

 

Lo cierto es que la gran mayoría de nosotros vivimos con algún trauma y en mayor o menor medida éste nos limita en nuestro derecho a vivir y llevar una vida plena y satisfactoria. Trauma, shock, déjame que te explique la diferencia.

 

El shock es la alteración repentina del organismo por causas que pueden ser orgánicas, o bien estar motivadas por causas estrictamente emocionales que suponen amenaza real o potencial de muerte o grave daño u otras amenazas a la integridad física personal. La respuesta de la persona al suceso es de horror y miedo intenso, sensación de impotencia, de no poder ejercer ningún control y generalmente vivido en soledad, sin posibilidad de comunicarlo.

 

Se entiende por trauma, los efectos debilitantes que sufren algunas personas después de vivir experiencias que han percibido como abrumadoras (shock). El trauma se produce cuando la persona no puede encontrar la manera de volver de nuevo al equilibrio, después de sufrir una situación que le sobrepasa.

 

Cuando pensamos en personas traumatizadas normalmente creemos que han vivido situaciones demoledoras como catástrofes naturales, accidentes graves, abuso y maltrato (físico, emocional o sexual), muerte de seres queridos, guerras, ……. y es así en muchos casos, pero en otros muchos las situaciones vividas por estas personas no han sido tan extremas aparentemente. Te nombro algunos casos:

 

  • Accidentes automovilísticos menores, especialmente los que producen “latigazo cervical”
  • Procedimientos médicos y dentales invasivos
  • Inmovilización prolongada (yesos, entablillamientos, etc.)
  • Caídas y otras lesiones de las llamadas menores, especialmente cuando están involucrados niños o personas mayores (por ejemplo un niño que se cae de una bicicleta)
  • Quedarse solo, en especial en niños y bebés
  • Ortodoncias y otras prótesis
  • Tensión durante el nacimiento, tanto para la madre como para el niño.
  • Etc.

 

Pensemos también en el niño que es humillado (de forma repetida y/o en público) de la manera más inocente por adultos de su confianza: mandándole al final de la clase porque no sabe responder a una pregunta, o escuchando todo el tiempo “tu hermano sí que sabe ….”,

 

O en el joven que pasa la varicela y se le queda la cara marcada …. y escucha continuamente los comentarios y motes de sus compañeros.

 

En el adulto que es sometido a algún tipo de “mobbing”.

 

Supongo que a estas alturas, se te han ocurrido diferentes vivencias que han podido marcarte a ti o a personas conocidas. Ciertamente hay situaciones tan aterradoras que por sí solas dejan huella, pero hay un sinfín de “pequeñas” situaciones amenazadoras que sostenidas en el tiempo pueden resultar así mismo traumatizantes.

 

También voy a nombrarte algunos de los síntomas que van apareciendo con el tiempo, cuando nos quedamos atrapados en las garras del trauma:

 

  • Hipervigilancia (estar en “guardia” en todo momento)
  • Pensamientos o imágenes obsesivas
  • Vergüenza, timidez y falta de autoestima
  • Respuestas exageradamente emocionales y sobresaltadas
  • Ataques de pánico, ansiedad o fobias
  • Atracción hacia situaciones peligrosas
  • “Quedarse en blanco” o experimentar sentimientos de desconexión
  • Conducta de evitación (evitar lugares, actividades, personas, recuerdos)
  • Conductas adictivas (comer demasiado, fumar, beber, etc.)
  • Actividad sexual exagerada o disminuida
  • Incapacidad de asumir compromisos
  • Enfermedades psicosomáticas, particularmente dolores de cabeza, migrañas, problemas de espalda y de cuello
  • Depresión y sentimientos de desgracia inminente
  • Dificultades para dormir
  • Y un largo y variado etc.

 

Espero que no te desanimes, como dicen por ahí “el conocimiento da poder”. Bien, continúo un poco más.

 

El bienestar es algo físico y el trauma también. Cuando nos sentimos bien, lo sentimos en el cuerpo, estamos relajados, abiertos, receptivos, en paz.

 

Ante una amenaza el cuerpo, como medida de supervivencia y para poder responder a ella, se prepara físicamente: la atención se focaliza en el peligro para poder afrontarlo, parece que solo podamos ver “eso peligroso”. El cerebro primitivo envía señales intensas a las vísceras causando que algunas de ellas respondan exageradamente (ruidos, nudos en la barriga, diarrea) y otras se encojan y cierren como los bronquiolos en los pulmones, o los latidos del corazón dándonos una sensación de opresión y asfixia. Todo ello genera temor y ansiedad.

 

Dado que estas sensaciones son tan terribles, ellas mismas pueden convertirse en la fuente de amenaza, creemos que si las sentimos, se quedarán ahí para siempre y llegamos a tenerle miedo al miedo. Creemos que evitándolas todo irá mejor y nos acostumbramos a evitar situaciones, lugares, personas …. :  doy un rodeo antes de pasar por el cajero donde casi me atracan, no me atrevo a expresar mi opinión en una reunión por miedo a que vuelvan a “machacarme”, etc. Por desgracia, aquellos sentimientos que no afrontamos siguen ahí e incluso se hacen más grandes y nos invaden “por sorpresa” provocando que nos defendamos cada vez más de ellos, aumentando nuestros mecanismos de evitación y control. Este es el círculo vicioso creado por el trauma.

 

Parte importante para superar el trauma es separar el miedo, de las respuestas que han quedado atrapadas en nuestro cuerpo. Poder afrontar esas sensaciones, sentirlas, traspasarlas y constatar que seguimos vivos y cada vez más fuertes.

 

Afortunadamente tenemos un organismo maravilloso con una capacidad asombrosa de regularse y sanarse a sí mismo, sólo tenemos que proporcionarle la ayuda adecuada y confiar en él.

 

En este sentido las terapias que combinan la psicología con la medicina energética – basada en la Medicina Tradicional China con su sistema de meridianos energéticos – como EFT, la kinesiología, las técnicas de procesamiento cerebral, etc., nos ofrecen una ayuda inestimable. Todas ellas se caracterizan por ser “amables”, minimizando el sufrimiento que provoca el malestar físico y la respuesta emocional. No son invasivas y ayudan a restituir  en el organismo su capacidad de respuesta sanadora.

 

Esperando lo peor, miras, y en cambio

aquí está el rostro alegre que querías ver.

Tu mano se abre y se cierra y se abre y se cierra.

Si fuese siempre un puño o si estuviera siempre abierta,

estarías paralizado.

Tu presencia más profunda está en muy pequeñas

contracciones y expansiones.

Las dos en un equilibrio hermoso y

coordinado como las alas de un pájaro.

 

Rumi (1207 – 1273)

 

 

El trauma no es para siempre, solo necesitamos ocuparnos de él, y el cuerpo siempre responde.

 

 

Mercedes Bolívar

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